viernes, 23 de noviembre de 2012

Aceptación


     Últimamente no he estado muy inspirada para escribir nuevas entradas en el Blog. He luchado contra ello porque una tiene que ser consecuente con sus decisiones, y “La Danza del Qi” es como un arbolito que yo planté y necesita agua para crecer. Me he esforzado inútilmente en estrujar mente y corazón, hasta que esta mañana, recién levantada, me he dicho: “Pues no pasa nada. Acéptalo.” Y entonces (¡paradojas de la vida!) se me ha ocurrido escribir sobre ello, sobre la aceptación.
 La aceptación es una idea que el pensamiento oriental tiene incorporada como cierta, lo hemos visto en entradas anteriores. Pero para nosotros los occidentales tiene ciertas connotaciones de derrota, de fracaso, de sacrificio, quizá porque se confunde con la idea cristiana de “resignación”: cuando nos ocurre una desgracia, cuando sentimos que se nos cierra una puerta se nos ha dicho que “hay que resignarse ante la voluntad de Dios”, lo que implica sufrimiento, abandono, sometimiento a la decisión de un Dios que premia y castiga arbitrariamente. ¿Cuántas veces hemos escuchado la frase “por qué me tiene que pasar a mí”?.
 Pero ya sabemos que las cosas no son del todo así. Somos seres de luz con un vestido de carne y hueso que hemos elegido adoptar esta forma de vida para experimentar la sabiduría que ya tenemos como parte del Uno. Y esto es parecido a un examen: si te dicen las preguntas no vale. Olvidamos qué hemos elegido y comenzamos a querer vivir cosas distintas. Y así nos va.
  Hay otro aspecto del que tampoco nos acordamos: la Vida no es el enemigo, no hay que luchar contra ella. Es tan solo el conjunto de circunstancias creadas entre todos para experimentar cada uno lo suyo. Y nos habla y nos guía con un lenguaje sin palabras. También hemos tratado esto antes.
   ¿Por qué entonces nos cuesta tanto vivir? ¿Por qué cada cosa que hacemos nos supone tanto esfuerzo? Simplemente porque se nos olvida que fuimos nosotros mismos, pero llenos de sabiduría, quienes decidimos qué hacer aquí y cómo hacerlo.
   ¿La solución? Primero escuchar, después confiar y por último aceptar.
  Escuchar es quizá lo más difícil, porque no conseguimos vaciar nuestra mente de su cháchara ni nuestro corazón de sus deseos. Deberíamos hacerlo como este niño, con los ojos cerrados y con una sonrisa. En él no hay lucha, no hay juicio, no hay empeño. Tan solo escucha. 
 Y después hay que confiar. En el Destino, en la Vida, en Dios, en el Universo..., da igual el nombre, pero hay que confiar en que todo irá como debe ir, en que todo ocurre para bien, aunque no lo entendamos. Es muy difícil porque da miedo pensar que no tenemos el control de nuestra vida (realmente nunca lo hemos tenido) y confiar es abandonarte, relajarte... y aceptar. 
   Aceptar no es resignarse, porque uno se resigna cuando no le queda más remedio; no hay libertad de elección, y la resignación es pérdida, derrota y fracaso. Sin embargo, uno sí elije aceptar. Y en la aceptación encontramos paz, porque no hay lucha. Encontramos descanso porque uno se alía con las fuerzas supremas, se hace uno con el río de la vida, y las energías que se empleaban en dar vueltas a los problemas para componer nuestra pobre solución se emplean ahora en sonreír y disfrutar de los regalos que Dios nos pone delante: esa puesta de sol que te deja sin habla, esa mirada del amigo al fondo de tu alma, ese "encuentro fortuito" que te abre puertas...
      Acepta, desde el fondo de tu ser lo que va viniendo, acepta sin juicios, sin apegos, sin pretensiones, y puede que te ocurra lo que a mí esta mañana: cuando acepté que "la Danza del Qi" podría dejar de bailar, llegó la inspiración. 



jueves, 8 de noviembre de 2012

Los Cinco Reinos Mutantes


   La Medicina Tradicional China, de 5000 años de antigüedad, se basa en dos leyes descritas hace poco por la física cuántica: la ley de la relatividad (el Yin-Yang que ya hemos visto hace unos meses) y la ley de la interrelación o interdependencia, expresada en los Cinco Reinos Mutantes, los Cinco Movimientos o el Wu Xing.
  Esta ley clasifica todo lo que existe (colores, olores, sabores, estaciones, órganos, sentimientos, cereales, alimentos, orientación, notas musicales, planetas, etc.) en cinco grandes grupos, denominados Reinos o Movimientos. Lo que pertenece al mismo Reino mantiene concordancia o resonancia energética con el resto, relación que muchas veces se nos escapa. 
   Como el pensamiento chino parte de la observación de la naturaleza, estos Reinos se nombraron con los elementos Agua, Madera, Fuego, Tierra y Metal. 
   Al Reino Mutante del Agua, pertenecen el Riñón y la Vejiga, el invierno, el norte, el sabor salado, el oído, los huesos, el miedo, el negro, la voluntad... El Reino Mutante de la Madera es el Hígado, la Vesícula Biliar, la primavera, el este, el verde, la imaginación, la vista, los músculos, el viento, el ácido, la cólera... En el Reino Mutante del Fuego tenemos el Corazón, el Intestino Delgado, el rojo, el calor, el verano, el sur, la alegría, el amargo, la conciencia, los vasos sanguíneos, etc. En el Reino Mutante de la Tierra nos encontramos el Bazo, el Estómago, el centro, la humedad, el estío, el dulce, el olor perfumado, el amarillo, la reflexión, la obsesión... Y en el Reino Mutante del Metal están el Pulmón, el Intestino Grueso, el este, el otoño, la sequedad, el blanco, el picante, la melancolía.... Os daréis cuenta que el admitir que todo lo que está dentro del mismo Reino guarda relación, puede implicar un verdadero "salto cuántico" mental para nosotros como pensadores occidentales.
  La genialidad del Wu Xing es que entre los distintos Reinos existen dos tipos de relaciones: de generación y de control.
  Para explicar el ciclo de generación (llamado chen o sheng) emplean parentescos: así el Agua es la madre de la Madera, ésta la Madre del Fuego, y así sucesivamente. De igual modo el Metal es el hijo de la Tierra y el Agua el hijo del Metal. Así tenemos un ciclo de asistencia, de ayuda, de "cuidado" en el que cada elemento genera y a su vez es generado por otro. Nadie está solo ni aislado y todos tienen que contribuir.
Para hacer que esta relación sea estable, es necesario que exista un control entre los miembros y lo explican de una manera muy gráfica y poética: el Agua apaga el Fuego, el Fuego funde el Metal, el Metal corta la Madera, la Madera orada la Tierra y la Tierra cubre el Agua. Es el ciclo ko o ke  por el que cada Reino controla a uno y es controlado a su vez por otro.
No es mi intención en esta entrada explicar en profundidad los Cinco Reinos Mutantes. Los que practican la Medicina Tradicional China los conocen perfectamente. Al resto de los lectores solo quisiera picarles la curiosidad para que investiguen un poco y se maravillen con la perfecta telaraña de relaciones en la que estamos inmersos. 
 Si analizáis un poco esta pentacoordinación, observaréis que se consigue el equilibrio perfecto, donde ninguno es más que nadie y todos son necesarios, porque todos se ayudan y se controlan entre sí, siguiendo el orden establecido. Cada uno de los Reinos está relacionado con los otros cuatro (es generado por uno, genera a otro, controla a un tercero y es controlado por el cuarto). Esto nos lleva a la comprensión de que TODO está relacionado,TODO está causado, y TODO influye en TODO. Por tanto no existen las casualidades, como vimos en la entrada anterior. Y de algún modo, al pertenecer a este sistema, podemos volver a concluir nuevamente que TODOS SOMOS UNO. 

    

lunes, 8 de octubre de 2012

Causalidades


    Los lectores aplicados que hayan leído el trabajo de "La Danza del Qi" que dio nacimiento a este blog, saben ya que la manera que tienen los chinos de abordar la realidad es muy diferente a la nuestra. Nosotros, representantes del saber racional, queremos encontrar el porqué de cada cosa que nos acontence, pero los orientales, cuyo conocimiento es básicamente intuitivo, no lo necesitan. Ellos consideran que todos los hechos forman una extensa unidad con una ley y un sentido, y piensan que las cosas no están subordinadas unas a otras, sino "colocadas" unas junto a otras formando un patrón según su posición en el Universo. Se comportan de manera "inevitable" influyéndose mutuamente por una especie de "resonancia" como si fueran los instrumentos de una orquesta. El Universo es un todo integral, una red de relaciones cuyos nudos son acontecimientos relacionados, en el que cada cosa solo se define por su función, y tiene sentido únicamente como parte de un patrón total.
      De todo ello podemos deducir que la CASUALIDAD no existe, idea que sí tienen incorporada muchas personas, entre las que me encuentro. Todo se mueve por "CAUSALIDADES", casi siempre sutiles y apenas percibidas, que forman parte del perfecto equilibro del Universo. 
 Un ejemplo de este pensamiento lo encontramos en el discurso que Steve Jobs dio en la Universidad de Stanford durante la apertura del curso de 2005, y que os recomiendo que escuchéis entero porque encierra enseñanzas muy hermosas. El no habla de de "causalidades", sino de "conectar los puntos", algo que no se puede hacer mirando hacia el futuro, sino solo echando la vista atrás. Mientras, dice él, hay que confiar en algo, "tu instinto, el destino, la vida, el karma" y esperar a que esos puntos se conecten más adelante.
  ¿Cuál es la enseñanza útil de todo esto?
  Hace poco he sido testigo en mi entorno de una serie de maravillosas "causalidades". He observado que es más fácil que éstas acontezcan cuando las personas están abiertas a los "milagros" de la Vida y son capaces de fluir con ella. Cada persona ha sido un regalo para la otra, y todas un regalo para el mundo.
 Pero la apertura a los milagros y el fluir tienen que ser una constante. Unos meses atrás se dieron una serie de circunstancias que me llevaron a hacer algo que me encantaba. Yo veía "claro" que todas aquellas "causalidades" que confluían en mí, se debían a que lo que hacía era lo que tenía que SER. Sin embargo la cosa no funcionó. Reconozco que me sentí "noqueada" por un tiempo y sin entender nada. Fue muy duro. Vi mi camino cortado. Pero al poco tiempo, fue apareciendo en el horizonte un panorama mucho mejor que aquél que yo veía tan claro. Y ahora estoy mucho más feliz con ello. Intento aprender de la experiencia y no me "instalo" en la situación, sino que estoy abierta a las nuevas "causalidades" que me lleven por los otros derroteros que la Vida tenga marcados para mí.



      Así que ya sabéis, aunque de vez en cuando un árbol obstruya nuestro camino, debemos continuar con la seguridad de que la Vida es amigable y que nos va a ir conduciendo al lugar adecuado, siempre que la escuchemos, estemos abiertos a las "causalidades" y no tengamos apego por ninguno de sus regalos, porque el siguiente, siempre será MEJOR.

viernes, 5 de octubre de 2012

Tú elijes


      Hace tiempo ya que llegué a la conclusión de que el estar bien es una elección. Cada vez que se lo he dicho a alguien la respuesta era "¡Sí, hombre! Lo dices porque tú no ..... tienes/vives/haces lo que yo", pero, con un poco de paciencia y mucho de pasión, conseguía demostrarles, cuando les contaba mi vida, que con las mismas circunstancias que tengo, podría haber sido terriblemente desdichada. 
     Cada vez estoy más convencida de que el "estar bien" es una elección y una decisión, y no un aspecto de nuestra vida que dependa de circunstancias externas, ya que siempre estaremos rodeados de suficientes motivos para ser inmensamente felices o inmensamente desgraciados.
      Pensemos durante un momento en todas las cosas que no tenemos... La lista seguro que es larga. Si decidimos "conformarnos" con nuestras posesiones y centrarnos en las personas que nos rodean.... ¿a cuántas de ellas cambiaríamos? Mejor no lo confesemos en voz alta. Y si reflexionamos sobre nosotros mismos ¿cuántas carencias nos encontramos? ¿cuántos defectos? ¿cuántas dolencias? Conclusión: tenemos suficientes motivos para ser desgraciados e infelices.
Pero cambiemos ahora el punto de vista. Pensemos en todas las cosas que tenemos... De muchas de ellas no seremos conscientes hasta que nos comparemos con otros menos afortunados. Demos un repaso a nuestras posesiones: ropa, libros, teléfono, ordenador, casa, coche, joyas, comida... Fijémonos luego las personas que nos rodean: familia, amigos, conocidos, vecinos... Y pensemos después en nosotros mismos: podemos ver, oír, hablar, pensar, respirar, andar.... Y llegamos a la misma conclusión: tenemos suficientes motivos para ser muy muy dichosos.
   ¿Cómo hacer entonces para "estar bien"? Es simple de expresar: decidiendo estar bien. Pero es difícil de realizar, ya que hay que ir eligiendo en cada momento la opción más positiva, y eso no es tan sencillo. Y no lo es, creo yo, porque aunque lo entendemos perdemos la perspectiva. Nos vemos inmersos en el problema y nos olvidamos de la elección. O la posponemos diciendo: "cuando resuelva esta situación, cuando pase el verano, cuando consiga esto..." entonces, elegiré estar bien. Y claro, la situación se perpetúa en el tiempo.
   AHORA es el momento, el mejor momento, bueno... realmente el ÚNICO momento para decidir cómo queremos andar el camino. Habrá quien prefiera solo ver las piedras, o lamentarse porque no hay calzada. Yo elijo respirar el aire puro, fundirme con los árboles y mirar el sol entre sus ramas. Yo elijo estar bien. ¿Y tú?
     

martes, 21 de agosto de 2012

La sociedad está enferma

     Estamos viviendo tiempos...digamos, "especiales". Se podrían calificar de "difíciles", aunque yo reservaría este adjetivo para situaciones como la sufrida durante la II Guerra Mundial, o la que están viviendo en muchos puntos de África en estos momentos.
 Las ciudades están tristes. El desencanto va tiñendo como una sombra las miradas y sonrisas de la gente, y el aire cada vez se respira más cargado de incertidumbre y pesimismo. Los retazos de conversaciones por la calle no son iguales a otros meses de agosto, cuando solo se hablaba del calor, las rebajas, las vacaciones, o la terraza en la que pasamos la noche anterior. Ahora se habla de recortes, de paro, de la intervención, del euro, de la prima....Los que conservamos el trabajo (¿por cuánto tiempo?) vemos impotentes cómo vamos perdiendo sueldo, derechos, descansos, medios materiales.....y también ilusión, ganas y optimismo.
      Asistimos asombrados a la falta de palabra de los gobernantes (¿dónde quedó la "palabra de honor" de nuestros abuelos, o incluso la seguridad jurídica de todo Estado de derecho?) y a cómo los pilares de la sociedad tiemblan por la "calificación" que ciertas personas deciden dar a ... ¿nuestra deuda? ¿nuestra economía? ¿nuestra vida?.
   Haciendo un símil con el cuerpo, parece pues, que la sociedad está enferma. ¿Por qué? Pues por lo mismo que enfermamos los seres humanos y explicamos en su momento. Nuestra sociedad ha dejado de cumplir la función correcta. Si somos honrados con nosotros mismos y analizamos las causas que nos han llevado hasta aquí, veremos que muchos de los valores que debieran ser "intrínsecos" a la vida han desaparecido: la solidaridad, la autenticidad, el respeto o el trabajo bien hecho han sido sustituidos por el aparentar, el endeudarse, el usar y tirar, el engaño o el hacer de nuestro hacer una continua chapuza para salir del paso.
   No es mi intención profundizar en la situación. Valgan estas pinceladas para que cada uno, con honradez, se examine por dentro y por fuera y reconozca el granito de arena que ha puesto para que nuestra sociedad esté enferma. Porque los responsables de esto somos todos (recordad, TODOS SOMOS UNO, para lo bueno y para lo malo).
   ¿Qué hacer entonces? Pues lo mismo que cuando el enfermo es nuestro cuerpo, ya que cada uno somos una célula de la sociedad (hepática, cardíaca o cerebral, la que nos haya tocado) y cada célula debe realizar una función determinada en aras de que el cuerpo funcione en unidad. Debemos entrar en "nuestro templo" y ver qué nos está indicando la enfermedad. A cada uno nos dirá cosas distintas, y eso será lo que debamos cambiar en nuestras vidas, pues la sociedad es la suma de todos nosotros.
   El futuro no está escrito. Lo que creemos vislumbrar como inevitable no son más que meros esbozos del cuadro final, cuadro que vamos coloreando con nuestros pensamientos, actitudes y acciones del ahora. Hoy vivimos el resultado de lo que hicimos ayer, y mañana tendremos el resultado de lo que hagamos hoy. El presente es el momento de comprensión de esta realidad. 
     Nuestra sociedad está enferma, y en esta ocasión, los sanadores somos todos. Si solo pensamos en crisis, escasez, dificultades, eso será lo que tendremos. Cambiemos estos pensamientos por los de honradez, abundancia, amor, goce, paz, satisfacción, solidaridad.... y hagamos nuestra parte, cada uno la suya. Confiemos en que la sociedad vaya recobrando poco a poco la salud y la Vida nos muestre la pintura más hermosa que hubiéramos podido imaginar, pero no exigiendo que predomine "mi" color, sino fluyendo con los colores de los demás. Y seguro que nos llevaremos la grata sorpresa de un mundo mejor.




martes, 7 de agosto de 2012

Los tratamientos


      En una primera aproximación podemos decir que un tratamiento de acupuntura es el conjunto de resonadores y formas de trabajarlos que un terapeuta elige ante la patología de un determinado paciente. Aunque lo más corriente es que se trabaje con agujas y moxibustión, hay otros instrumentos terapéuticos que emplea la Medicina Tradicional China, como las ventosas, el martillo de siete puntas, el masaje, el qi gong, etc.
      Aunque sé que el pensamiento chino no puede ser clasificado al estilo occidental (leed aquí el trabajo de "La danza del Qi") para aclararme, yo divido en tres los tipos de tratamientos. Todos son útiles y válidos, y el empleo de uno u otro viene determinado por cada caso concreto.
      Primero están los que denomino tratamientos "sintomáticos". Son como tomar una aspirina para quitar el dolor. Las agujas de acupuntura corrigen el síntoma regulando el flujo de la energía, pero realmente no tratan la causa. Hay algunos que son muy eficaces y rápidos, y en todo caso son mucho mejores que los tratamientos de la medicina alópata porque no tienen ningún efecto secundario.
    El segundo grupo, que constituye el grueso de tratamientos de acupuntura, son los que yo llamo "físicos u orgánicos". Ya sabemos que el cuerpo humano está recorrido por una serie de canales por los que circula la energía: son los canales de acupuntura. Cuando se realiza la historia de un paciente, el terapeuta toma buena nota de todos los síntomas que éste presenta, y con ellos crea un "mapa energético" clasificándolos según los Cinco Reinos Mutantes (Agua, Madera, Fuego, Tierra y Metal). Entre estos Reinos hay una serie de relaciones de generación y de control, y la habilidad del terapeuta está en elegir aquellos resonadores que permitan reequilibrar todos los Reinos.
 Estos tratamientos tratan la causa de la disarmonía energética (que puede ser un estancamiento de Humedad, un déficit del yang de Hígado, un exceso de Fuego....) y se busca dispersar la energía en los lugares en que está atascada, desviar desde los lugares donde ésta fluye con normalidad a los sitios donde está en déficit, etc. Su eficacia está probada, y solucionan problemas que la medicina occidental en ocasiones no sabe abordar.
  Hay por último, otros tratamientos, que yo llamo "espirituales o alkímicos". En ellos el terapeuta se sitúa en lo más alto, como si de un águila se tratara, planeando y observando la situación del paciente. Se busca mirar desde arriba todo el panorama, obviando las cuestiones más "físicas" y terrestres (esta o aquella enfermedad, este o aquel síntoma) y valorando las cuestiones más espirituales y "álmicas" (destino, karma, aprendizaje...). Cuando diseño este tipo de tratamientos, intento "no estar", que intelecto y conocimientos se queden en tierra y mi espíritu adquiera la visión del águila, apartando mi mente y escuchando. Normalmente me vienen a la cabeza nombres de resonadores, o sensaciones que después intento traducir. Así salen, por ejemplo, los tratamientos por el nombre de los resonadores. El objetivo es ir a la causa profunda, colocando al ser en disposición de seguir o retomar el camino cuyo abandono originó la enfermedad. 
     De mi primer tratamiento en este sentido os hablé en la entrada anterior. Una paciente iba saltando de una enfermedad a otra, y mi profesor de acupuntura me sugirió lo siguiente: abrir la "puerta del destino" (con Ming men), para subir a la "terraza del espíritu" (Ling tai) desde donde el ser pueda otear el horizonte con suficiente perspectiva y seguir su destino en unión (de todos sus aspectos, con los puntos de apertura del Yin Oe y Yang Oe, los canales de la unión), con equilibrio (con los puntos de apertura del Yin keo y del Yang keo, los canales del equilibrio) y con sinceridad (Shan zhong, el "Centro de la Sinceridad"). ¿Existe mayor perfección en un tratamiento?  
     Con esto sintetizamos lo hablado en las tres últimas entradas, la enfermedad, el terapeuta y el tratamiento: el terapeuta es un instrumento por el que la Vida intenta reconducir al ser enfermo para que encuentre, cumpla y acepte su destino, y se dé cuenta de que la enfermedad es solo el signo que el Universo le ha dado para ello.


miércoles, 25 de julio de 2012

El terapeuta

     Mi corta experiencia como terapeuta de Medicina Tradicional China se asemeja a la de un niño que va abriendo lentamente paquetes dejados por hadas y gnomos bajo el árbol de Navidad. Cada paciente ha sido y es un regalo, lleno de la magia que se desprende de una varita. Y no porque yo haya hecho nada, sino porque las cosas que han ocurrido en nosotros han sido "mágicas". Y digo en "nosotros" porque el regalo más grande lo he recibido yo.
      Desde hace tiempo me enseñaron, y con la experiencia lo he aprendido, que el terapeuta realmente no "hace" nada. Es un mero canal, un intermediario entre la persona que tiene delante y el Cielo, Dios, la Vida... o como lo queráis llamar. Nosotros, los terapeutas, no "curamos" a nadie. Si acaso a nosotros mismos, porque con el concepto de enfermedad que hemos visto, uno es quien se sana a sí mismo aprendiendo lo que la enfermedad pretende enseñarte y reconduciendo tus pasos por el camino que debes seguir.
  Como mucho, los terapeutas utilizamos las herramientas que tenemos, en este caso los diferentes instrumentos que emplea la Medicina Tradicional China, para ser el "cable" que conecte la "fuente de alimentación" con el paciente. Y el resultado, os lo aseguro, no depende del cable.
       Lo que sí es un terapeuta es alguien a quien la Vida le pone personas en su camino para ir avanzando. Y yo les estaré siempre agradecida al puñado de personas que confiaron en mí y que fueron mis primeros pacientes.
 Mi andadura como terapeuta comenzó con una paciente operada de cáncer. Fue como la madre que me empujó del nido para que probara mis nuevas alas; con ella me lancé. Afortunadamente no tuve que plantearme ni el diagnóstico ni el tratamiento, ya que había uno probado en la Escuela para paliar los efectos de la quimioterapia, así que todo era cuestión de "atreverse" a poner agujas en el cuerpo de otra persona. Mi experiencia previa eran meros "escarceos" con mi marido y mis hijos de dudosos resultados. ¡¡Me discutían hasta dónde poner las agujas...!! Y con ella empecé a punturar, incluso resonadores dolorosos. Fue el inicio.
 A continuación, aprendí que un módulo de regulación ya establecido, puede servir perfectamente como un tratamiento. Fue supervisado por mi profesor de acupuntura, yo tan solo añadí un pequeño "toque" personal, y fui testigo expectante de cómo, poco a poco, mi paciente empezaba a sentir cambios en su cuerpo y en su espíritu.
     Hubo una persona que cada cierto tiempo tenía "otra" enfermedad importante. Yo me veía como una loca "persiguiendo" enfermedades sin mucho resultado y sin mucho sentido. Ella me llevó a entender lo que dice el Sowen: lo primero es tratar al ser. Toda enfermedad no es más que el síntoma de una causa profunda, y si no se trabaja ésta es como cambiar la posición de las piezas en un tablero de ajedrez, pero sin jugar realmente la partida. Desconozco esa causa, patrimonio exclusivo de cada alma, pero sí hay formas de ayudar a que la persona la descubra y pueda actuar.  
   Otro paciente, "casualmente" vino después del Seminario de "Diagnóstico y tratamiento a través del nombre de los resonadores", del que ya hemos hablado. Iñaki nos mostró cómo diseñar tratamientos haciendo un "canto" con los nombres de los resonadores, y yo me atreví a poner un tratamiento sin consultar a nadie, dejándome llevar por la intuición y realizando un canto. El resultado para la persona fue increíble, pero más lo fue para mí, porque por primera vez "me dejé llevar" y "confié". Vamos, que hice lo que yo tanto predico que hay que hacer. Y el resultado ha sido mágico, porque me sentí de verdad intermediaria, supe que "se hizo" a través de mí, y que yo tan solo fui la mano que el Todo necesitaba para poner las agujas.
   Como veis mi andadura como terapeuta es un camino en el que se han apostado varios seres que me están permitiendo aprender muchas cosas: a conocerme y probarme a mí misma, a tener ilusión, confianza, intuición y habilidad, a aceptar que a veces la persona mejora y otras no, y a saber por dentro lo que dicen mis apuntes: hay que ser testigo de la magia, aprender a manejar la varita y la chistera, y tener la humildad de la comprensión de que el Mago siempre es Otro. Mi única función es ofrecerme, dar las gracias y sonreír.