miércoles, 25 de julio de 2012

El terapeuta

     Mi corta experiencia como terapeuta de Medicina Tradicional China se asemeja a la de un niño que va abriendo lentamente paquetes dejados por hadas y gnomos bajo el árbol de Navidad. Cada paciente ha sido y es un regalo, lleno de la magia que se desprende de una varita. Y no porque yo haya hecho nada, sino porque las cosas que han ocurrido en nosotros han sido "mágicas". Y digo en "nosotros" porque el regalo más grande lo he recibido yo.
      Desde hace tiempo me enseñaron, y con la experiencia lo he aprendido, que el terapeuta realmente no "hace" nada. Es un mero canal, un intermediario entre la persona que tiene delante y el Cielo, Dios, la Vida... o como lo queráis llamar. Nosotros, los terapeutas, no "curamos" a nadie. Si acaso a nosotros mismos, porque con el concepto de enfermedad que hemos visto, uno es quien se sana a sí mismo aprendiendo lo que la enfermedad pretende enseñarte y reconduciendo tus pasos por el camino que debes seguir.
  Como mucho, los terapeutas utilizamos las herramientas que tenemos, en este caso los diferentes instrumentos que emplea la Medicina Tradicional China, para ser el "cable" que conecte la "fuente de alimentación" con el paciente. Y el resultado, os lo aseguro, no depende del cable.
       Lo que sí es un terapeuta es alguien a quien la Vida le pone personas en su camino para ir avanzando. Y yo les estaré siempre agradecida al puñado de personas que confiaron en mí y que fueron mis primeros pacientes.
 Mi andadura como terapeuta comenzó con una paciente operada de cáncer. Fue como la madre que me empujó del nido para que probara mis nuevas alas; con ella me lancé. Afortunadamente no tuve que plantearme ni el diagnóstico ni el tratamiento, ya que había uno probado en la Escuela para paliar los efectos de la quimioterapia, así que todo era cuestión de "atreverse" a poner agujas en el cuerpo de otra persona. Mi experiencia previa eran meros "escarceos" con mi marido y mis hijos de dudosos resultados. ¡¡Me discutían hasta dónde poner las agujas...!! Y con ella empecé a punturar, incluso resonadores dolorosos. Fue el inicio.
 A continuación, aprendí que un módulo de regulación ya establecido, puede servir perfectamente como un tratamiento. Fue supervisado por mi profesor de acupuntura, yo tan solo añadí un pequeño "toque" personal, y fui testigo expectante de cómo, poco a poco, mi paciente empezaba a sentir cambios en su cuerpo y en su espíritu.
     Hubo una persona que cada cierto tiempo tenía "otra" enfermedad importante. Yo me veía como una loca "persiguiendo" enfermedades sin mucho resultado y sin mucho sentido. Ella me llevó a entender lo que dice el Sowen: lo primero es tratar al ser. Toda enfermedad no es más que el síntoma de una causa profunda, y si no se trabaja ésta es como cambiar la posición de las piezas en un tablero de ajedrez, pero sin jugar realmente la partida. Desconozco esa causa, patrimonio exclusivo de cada alma, pero sí hay formas de ayudar a que la persona la descubra y pueda actuar.  
   Otro paciente, "casualmente" vino después del Seminario de "Diagnóstico y tratamiento a través del nombre de los resonadores", del que ya hemos hablado. Iñaki nos mostró cómo diseñar tratamientos haciendo un "canto" con los nombres de los resonadores, y yo me atreví a poner un tratamiento sin consultar a nadie, dejándome llevar por la intuición y realizando un canto. El resultado para la persona fue increíble, pero más lo fue para mí, porque por primera vez "me dejé llevar" y "confié". Vamos, que hice lo que yo tanto predico que hay que hacer. Y el resultado ha sido mágico, porque me sentí de verdad intermediaria, supe que "se hizo" a través de mí, y que yo tan solo fui la mano que el Todo necesitaba para poner las agujas.
   Como veis mi andadura como terapeuta es un camino en el que se han apostado varios seres que me están permitiendo aprender muchas cosas: a conocerme y probarme a mí misma, a tener ilusión, confianza, intuición y habilidad, a aceptar que a veces la persona mejora y otras no, y a saber por dentro lo que dicen mis apuntes: hay que ser testigo de la magia, aprender a manejar la varita y la chistera, y tener la humildad de la comprensión de que el Mago siempre es Otro. Mi única función es ofrecerme, dar las gracias y sonreír.

       

domingo, 24 de junio de 2012

La enfermedad


      En los dos meses de andadura de este blog de Medicina Tradicional China 2.0 hemos visto ya bastantes cosas: sabemos lo que es el qi y cómo baila, el concepto de yin-yang, qué son los resonadores (incluso hemos trabajado con alguno de ellos), qué son los jiaos, cómo respirar... y también cómo ser dichoso (¡no feliz!), cómo actuar con impecabilidad y QUE TODOS SOMOS UNO (espero que esto al menos haya quedado claro).
     Antes de pasar a conceptos más propios de medicina china, como los Reinos Mutantes, tengo intención de ver en tres entradas consecutivas qué es la enfermedad, para qué sirve un terapeuta y cómo son los tratamientos de Medicina China. Y digo "tengo intención" porque el blog tiene vida propia, y no siempre quiere lo mismo que yo.
     Para empezar creo que debemos de tener claro qué es la enfermedad dentro de este mundo, porque solo comprendiendo el proceso podremos aliarnos con él y utilizarlo como trampolín de desarrollo personal y espiritual.
Para los orientales, la salud reside en el equilibrio entre pensamiento, sentimiento y acción. Esta frase merece una cuidada reflexión. ¿Cuántas veces pensamos una cosa, sentimos otra y decimos una muy distinta? Estamos disociados, y ello nos lleva a enfermar. El hombre es un ser entre el cielo y la tierra (recordemos las tres alimentaciones, celeste, humana y terrestre) y si no somos ese intermediario entre las fuerzas cósmicas y telúricas dejaremos de cumplir nuestra función y nuestra forma se deteriorará.
   ¿Son el dolor y la enfermedad consustanciales a la existencia del hombre? Parece que el dolor sí, ya que es el mecanismo de aviso que tiene el cuerpo para sobrevivir (si me quemo, me duele para que retire la mano del fuego). Sin embargo la enfermedad es algo cultural, y depende de cómo vivamos los procesos. De hecho, en la Escuela Neijing la definimos como un proceso evolutivo de la salud.
   "La Vida siempre habla a los hombres en susurros. Hay que saber entender las señales, porque si no te pega gritos con enfermedades". Esta es una de las primeras frases sabias que tengo en mis apuntes. Está claro que la humanidad no sabe escuchar, y por eso hay enfermos y por eso existimos los terapeutas.
   ¿Cómo abordar, pues, la enfermedad? Si cada ser viene aquí con un proyecto que cumplir, cuando deja de realizarlo enferma, porque el cuerpo presenta una resistencia al estar diseñado para la función correspondiente. No debemos ver entonces la enfermedad como un huésped enemigo, sino como una pérdida de equilibrio con el medio. La enfermedad viene para que el ser no se resista, y si nos abandonamos, descubrimos el tesoro que encierra. 
     El Sowen, uno de los libros más antiguos de Medicina China, nos dice que en la alta antigüedad, cuando el ser enfermaba se refugiaba en el templo. Esto, en palabras de hoy, significa que cuando enfermamos debemos ir hacia adentro, a nuestro interior, a nuestro templo, y ver qué nos está susurrando (o gritando) la Vida. Sin embargo, lo que hacemos es tomar rápidamente una pastilla que nos quite el síntoma para poder seguir con nuestras actividades diarias, y perdemos la posibilidad de escuchar lo que esa enfermedad quiere decirnos. Cuanto menor y más persistente sea la falta de escucha, mayor será el problema que nos generemos. 
  "Debes ser más flexible", nos dicen el dolor de rodilla y la arterioesclerosis, "no dejes de avanzar", dice el pie dañado, "cuida lo que hablas" nos dice la afonía, "libérate de tantas cargas inútiles" nos grita el dolor de espalda..... Cada uno podemos preguntarle a nuestro cuerpo doliente qué nos quiere decir, y hacerle caso.
   Hay veces que el proceso de enfermedad, o incluso de deterioro natural del cuerpo se presenta como inevitable. La actuación entonces sería no luchar contra ello, sino aceptarlo como la evolución hacia un nuevo sentido de vida. Es claro que con 60 años no podemos hacer lo mismo que con 20. ¿Es eso estar enfermo? Por supuesto que no. Ya sabemos que cualquier equilibrio solo puede ser dinámico, y el estado de salud es un estado de equilibrio. Si comprendemos que cada edad tiene el suyo (un joven tiene mucho yang, está en proceso de expansión, mientras que un anciano tiene mucho yin, está en proceso de contracción), hagamos igual con la enfermedad. Ello nos permitirá ir fluyendo en cada etapa, y darnos cuenta de que si la forma está modificándose también lo debe hacer la función, porque ambas forman un tao.
  ¿Vive Stephen Hawking como un enfermo? Tiene todas las papeletas para ser un minusválido dependiente e inútil, pero él supo fluir con su esclerosis lateral amiotrófica y hoy es uno de los físicos y cosmólogos más brillantes de nuestro tiempo. Tomemos ejemplo de él y de tantos otros valientes y empleemos la enfermedad como un proceso evolutivo de la salud, una oportunidad de explorar nuevos mundos, nuevas experiencias, nuevas tareas, y no como una oportunidad para la queja, el lamento o el manejo a los demás.
   Escuchemos nuestro cuerpo y démosle gracias de todo corazón, porque nos está hablando con el lenguaje que conoce. Hagámonos responsables de la enfermedad, como si fuera una invitada. Si está de paso, charlemos con ella, veamos qué nos cuenta y volvamos a retomar nuestro camino. Y si viene para quedarse, arreglemos la casa, hagamos una habitación nueva para ella y pintemos las paredes de colores. Seguro que nos muestra otro camino distinto, que será el que tengamos que seguir... adelante, siempre adelante.


jueves, 14 de junio de 2012

¡Respira!


      A ninguno se le escapa la importancia de la respiración. Podemos estar muchos días sin comer, algunos sin beber, pero solo minutos sin respirar. De hecho, la vida es el tiempo que transcurre entre la primera inspiración y la última exhalación.
      Sin duda hemos leído o escuchado alguna vez consejos sobre cómo respirar, los beneficios que conlleva el hacerlo bien, lo fundamental que es llevar oxígeno a todas las células, etc. etc. y que no vamos a repetir aquí. Pero la Medicina China nos enseña algo más.
     Para esta tradición hay tres tipos de alimentación: la celeste, la terrestre y la humana. La primera, considerada la más importante, se lleva a cabo mediante la respiración. Los nutrientes de las otras son los alimentos y los sentimientos. 
     Ya sabéis que de manera habitual los chinos practican tai chi o qi gong, suaves movimientos realizados al compás de la respiración. Con ello, aparte de mover el cuerpo, saben que están alimentándose del qi celeste. 
    ¿Habéis observado lo llenos de energía que nos sentimos cuando respiramos profundamente? Es debido a que además de llenar nuestros pulmones de aire, estamos alimentando nuestra estructura. Si somos conscientes de ello, podemos aumentar nuestra vitalidad con algo que hemos de hacer necesariamente.
    Una de las cosas que más me gusta de la Medicina Tradicional China es que es capaz de tratar las enfermedades desde lo muy concreto hasta lo muy general. Ellos describen que en el cuerpo hay tres jiaos, expresión que se ha traducido como "calderos", "fogones" o "recalentadores", a través de los cuales podemos regular todas las funciones del organismo. Está el jiao inferior, que regula las funciones genito-urinarias, el jiao medio, que regula la función digestiva y el jiao superior que regula la función cardio-respiratoria. El primero se sitúa en la región infraumbilical, el segundo en el estómago, y el tercero en el centro del pecho. ¿Y cómo lo hacemos?
 Con el elemento terapéutico más eficiente y sencillo que tiene el ser humano: la respiración. Sí, simplemente respirando por cada uno de los jiaos regulamos las funciones correspondientes. Yo les enseño a mis pacientes de la siguiente manera: tumbados boca arriba, se inspira por la nariz y se exhala por la boca entreabierta. Hay que saber que la respiración consta de cuatro tiempos: inspiración, pausa, exhalación y pausa, y que las pausas son muy importantes (en ellas las energías hereditarias se expanden). Para respirar por el jiao inferior se coloca una mano por debajo del ombligo y se intenta respirar solo por ahí, sintiendo que la mano asciende y desciende siguiendo el ritmo de la entrada y salida del aire. Lo mismo haremos colocando la mano en el estómago y por último en el pecho. Cada vez hay que intentar que sea un solo jiao el que se mueva. Observaremos que uno nos resulta más fácil que otro, pero poco a poco seremos capaces de hacerlo. Os invito a que respiréis de esta manera. Los resultados os sorprenderán. Y es sanador.
  La respiración es inevitable, automática e involuntaria, y nos conecta con todo el Universo. Además, y esto es para mí lo más importante, nos habla de la solidaridad y de que TODOS SOMOS UNO ¿Por qué? Nosotros inspiramos lo que otros exhalan, y los demás van a respirar el aire expulsado por nosotros en un infinito círculo solidario, igualmente inevitable, automático e involuntario. Vivimos inmersos en el océano de respiraciones de todos los seres vivientes. Por eso tenemos que tener mucho cuidado con lo que pensamos, sentimos y decimos, porque eso será lo que salga de nuestros pulmones, y permanecerá en el ambiente que volveremos a respirar, nosotros y los demás.     
   Los que me conocen saben que, en cualquier momento de crisis, siempre les digo: "¡Respira!". Porque si se respira desde la zona infraumbilical se mueve la energía ancestral que nos muestra el mensaje del Cielo, como ya vimos en la entrada de la Danza del Qi. "¡Respira!" Porque cuando respiramos conscientemente volvemos al presente, y en el presente todo está bien (son nuestros pensamientos sobre el pasado o el futuro, que en verdad no existen, lo que nos produce ansiedad). "¡Respira!" Porque así recibimos la alimentación celeste, y con ella el mensaje de que la Vida es amigable y nos nutre. "¡Respira!" Porque si lo haces significa que estás vivo, y cuando hay vida hay oportunidades y posibilidades, y el único problema es saber verlas. "¡Respira!" porque así te puedes vaciar y permitir que lo nuevo entre y te renueve. "¡Respira!" y encontrarás la paz dentro de ti, y entonces dejarás de luchar y podrás mirar a la Vida a los ojos preguntando: "¿qué quieres que haga?". Y la Vida te dirá....."Confía y escucha". Y tú simplemente sonreirás.

martes, 5 de junio de 2012

El yin y el yang

       
       Vamos a abordar en esta entrada uno de los conceptos chinos más conocidos en Occidente, y que describe toda una concepción del mundo: el yin y el yang. Ambos son las fases de un movimiento cíclico en el que oscilan todos los fenómenos. Así, el yang  se corresponde con la actividad, el día, la luz, la energía, lo masculino... y el yin se corresponde con la quietud, la noche, la oscuridad, la materia, lo femenino.
        Todos asociamos los conceptos yin-yang con el símbolo del taijitu, círculo de dos colores, normalmente blanco y negro, con una curiosa disposición, llena de sabiduría: la mitad blanca, la parte yang, contiene en su interior un punto negro; la mitad negra, la parte yin, contiene en su interior un punto blanco. El círculo está dividido en dos partes iguales por una línea sinuosa que lo dota de movilidad. Ya veremos cómo lo interpretamos.

Otra manera que tienen los chinos de representar el yin y el yang es mediante líneas: una línea discontinua es el yin, la contracción, y una línea continua el yang, la expansión. De las combinaciones de éstas han salido los 8 trigramas del Octograma de Fushi (a quien dedicaremos una entrada) y los famosos 64 hexagramas del I ching, el libro adivinatorio chino por excelencia.
     
      Por último, y puesto que somos lectores aventajados y ya sabemos lo que es un ideograma, os voy a mostrar los ideogramas de yin y de yang, mucho menos conocidos. Recordaréis que el origen de los ideogramas son los pictogramas, y que empleaban imágenes de la naturaleza para representar conceptos abstractos. Así, los conceptos yin-yang los equiparan, respectivamente a la ladera oscura y soleada de una colina.  
      Nada es totalmente yang ni totalmente yin, y son conceptos relativos: el atardecer es yang respecto a la noche, pero es yin respecto al mediodía. Por otro lado, ambos son interdependientes, uno no puede existir sin el otro y están en constante equilibrio dinámico: cuando uno crece el otro mengua. 
       Tranquilos que no voy a hacer un análisis exhaustivo de estos conceptos (hay cientos de libros que podéis consultar si queréis profundizar) pero sí quiero compartir dos reflexiones. 
      La primera nos lleva, una vez más, a la idea de que todos somos uno (¡qué queréis, siempre barriendo para adentro!) .
      Si observáis el fantástico círculo de los dos colores, lo primero que vemos es que cada parte lleva en su interior el opuesto. Traducido a la vida real, significa que nada es totalmente bueno ni totalmente malo. ¡Pues vaya conclusión!. Sí, pero eso también nos lleva a darnos cuenta de que esa situación o esa persona que tanto odiamos, tienen dentro un círculo blanco, y que si yo me veo de blanco radiante, en verdad llevo también un punto negro. Es decir, que la diferencia entre el amigo y el enemigo es "relativa", porque ambos son iguales en esencia, solo varían en la cantidad de "blanco" y de "negro". O sea, que no existe la distinción amigo-enemigo, guapo-feo, mío-tuyo, espiritual-material, tonto-listo. ¡Adiós diferencias! 
      Los que ya me vais conociendo, sabréis que no me atraen nada los conceptos filosóficos que no son capaces de formar parte del día a día. Decir que todos somos uno es fácil y bello. Pero "vivirlo" es otra cosa. Os propongo como ejercicio pensar en el mayor enemigo que tengamos, y comprender que dentro de él hay una parte de mí, y más aún, que dentro de mí hay una parte de él. Eso es más complicado, porque tendríamos que hacerlo extensivo a los "culpables" de la situación que cada uno vive (los políticos, los banqueros, los padres, los hijos, los vecinos...).
      Tuve la suerte de estar en Nueva York en el décimo aniversario del atentado contra las Torres Gemelas. En St. Paul´s Chapel, la que se conoce como la "Iglesia del Milagro" porque sobrevivió al incendio de 1776 y al atentado de 2001, se hizo un homenaje a las víctimas, llenando las verjas del templo de lazos blancos con un mensaje escrito por los que pasábamos por allí. Fue muy emocionante. Había frases en todos los idiomas y hubo una que me impactó. "All is one". Todo es Uno, aún más integradora que "todos somos uno". Entonces comprendí lo duro que es vivir esa creencia, porque esa frase decía que los terroristas, y las víctimas, y sus familiares, y los héroes, y los cobardes, y nosotros los turistas, éramos UNO. Así que, antes de juzgar a nadie, me lo pienso e intento buscar qué hay de mí en él y que parte de lo que critico soy yo. Ello me está llevando a ser mucho más tolerante con los otros y conmigo misma.
       La segunda reflexión que quiero compartir es que si yin y yang están siempre en un equilibrio dinámico y todo lleva dentro su contrario, el pasar de un lado al otro es solo cuestión de ir buscando un nuevo equilibrio, no crear algo de la nada. Si yo, por ejemplo, me considero tacaño y quiero ser generoso (tengo la parte yin muy muy grande y el yang ha quedado relegado a un minúsculo puntito) puedo cambiar poco a poco aumentando la parte pequeña o disminuyendo la grande, porque en ambos casos se irá modificando la proporción. Y no es tan difícil si entendemos que yo "también" soy generoso. 
  Así, cuando nos tracemos un objetivo y lo veamos lejano e inalcanzable, acordémonos del yin y del yang y visualicemos el círculo bicolor. Saber desde dentro que parte de lo que queremos conseguir está ya conseguido, nos hará tener más confianza en nosotros mismos, y convertirá cada reto en una búsqueda del equilibrio entre el yin y el yang, en lugar de una angustiosa carrera hasta la meta final. Porque el verdadero objetivo no es estático, no es llegar a ningún sitio sino, ser capaces de recorrer el camino con gozo (ya sabemos lo que es), encontrando y manteniendo el equilibrio entre el yin y el yang





miércoles, 30 de mayo de 2012

Impecabilidad




Este fin de semana he estado en un seminario de Medicina Tradicional China muy especial llamado ”Diagnóstico y tratamiento a través del nombre de los resonadores”. ¡Sugestivo el título! ¿Verdad? 
El seminario da para hacer entradas toda una vida. Ya lo iréis viendo. El contenido ha sido tan bueno, que sé que cada uno de los asistentes lo ha vivido como lo necesitaba en ese momento: entretenido, interesante, divertido, profundo, curioso, fantasioso… En mi caso lo definiría como “esclarecedor”, ya que resolvió dudas que me planteaba desde hace tiempo, e “inspirador”, porque me ha abierto infinitas y mágicas posibilidades terapéuticas. Iñaki, el profesor, fue ameno, inteligente y muy divertido.
Una de las sorpresas que me llevé fue encontrarme con Juan Luis, mi primer profesor de Qi gong, gracias al cual estudié Medicina Tradicional China. ¡Cómo se movía cuando asistía a sus clases! Si quisiera poner un ejemplo de “la Danza del Qi”, le pediría a Juan Luis que hiciera qi gong, porque en sus movimientos, hace ya cuatro años, yo descubrí la sutileza y el arte del qi.
Le recuerdo caminando con lentitud, en círculo, rodeándonos con su energía, mientras hablaba pausadamente de los grandes principios de la Medicina China (el Qi gong es una de las Artes Mayores). Una de sus palabras favoritas era “impecabilidad”, que en mí quedó grabada desde entonces. “Im-pe-ca-bi-li-dad”. En los movimientos, en el respirar, en el hablar… en el hacer, a fin de cuentas. Y ser impecable no es ser perfecto, es hacer todas las cosas, tanto las importantes como las cotidianas con amor, con cuidado, con dedicación. Impecabilidad. Él actuó así en sus clases, y ello enraizó en mí.
Este fin de semana pude darle un fuerte abrazo después de tres años y le dije cuánto me habían impactado sus enseñanzas, que de hecho dieron un giro importante a mi vida. Y se lo agradecí con todo mi corazón. En sus ojos descubrí sorpresa y alegría. Él daba sus clases con impecabilidad, sin esperar nada, y seguro que nunca supuso que sus palabras pudieran calar tan hondo. Pero la realidad es que a mí, y a través mío a otras personas, esas palabras nos han cambiado la vida.
¿Por qué os cuento todo esto? Para mostraros un ejemplo de lo que es actuar con im-pe-ca-bi-li-dad y cuáles son sus inesperados resultados.

Ayer mismo una amiga se quejaba de que ella actuaba con generosidad, compartía sus conocimientos e información, y que había descubierto cómo terceras personas se aprovechaban de sus aportaciones sin siquiera nombrarla. Estaba enfadada y se angustiaba por el futuro y por las consecuencias de todo ello. Yo le decía que no luchara contra la corriente, sino que fluyera con la Vida porque la Vida no es el enemigo y no hay que pelear con ella. Esta mañana, me sonreía feliz diciendo: “¡no te lo vas a creer! ¡He empezado a fluir y me están ocurriendo un montón de cosas buenas!”. Y así, de las personas más insospechadas le han surgido oportunidades, y todo porque ella había dejado de ir contracorriente, y porque en todo momento había actuado con impecabilidad.
Ser impecable es hacer las cosas bien porque sí, sin ningún motivo. Es tirar a la papelera ese papel aun cuando nadie nos ve, es cuidar las cosas aunque no sean nuestras, es hablar con el corazón a los demás aunque no nos escuchen (o eso parezca). Ser impecable es actuar con honradez, con sinceridad, con bondad. No es hacerlo todo bien ni ser perfectos, es poner el alma y todos nuestros sentidos en cada cosa. Es "gozar", como vimos en la entrada anterior. 
Y si actuamos así, un día cualquiera la Vida nos dará una agradable sorpresa, porque habremos sido impecables con ella.


miércoles, 16 de mayo de 2012

¿Ser feliz? No, gracias.



      Sí, has leído bien el título de la entrada. No, no hay ningún error. No, tampoco estoy loca, ni me he pasado a una secta que predique la infelicidad como llave de entrada al Paraíso... ¿Entonces? ¿Hay truco?
      ¡Evidentemente!
     En el seminario de Medicina Tradicional China del mes pasado, Santiago, nuestro profe, nos mostró una "jugosa" diferencia entre felicidad y gozo (más adelante os diré porqué describo la diferencia como "jugosa" y no como interesante, inteligente o sutil).
      El explicaba que el hombre es una "luz viajera" (otra bella manera de denominar "la danza del Qi" que ya hemos visto que es la Vida), un trozo de Dios dotado de una estructura física encaminada a cumplir una función. Estructura y función están intrínsecamente unidas, y la una sustenta a la otra.
      De esta idea podemos sacar multitud de conclusiones. Si la función que realizamos es la correcta, nuestra estructura será la adecuada y estaremos sanos. Si nuestra estructura se modifica, la función debe adaptarse a ella. Y si no estamos realizando la función prevista, la estructura se verá deteriorada y caeremos enfermos.
      Añadía Santiago en su explicación que la función siempre se concreta en vivir una serie de emociones, y para estar sano, esto se debería realizar en un estado de "gozo", no de felicidad, sino de gozo.    
        ¡Y así llegamos al meollo de la cuestión! Buscar la felicidad no trae cuenta, porque ésta depende de lo exterior, de lo que la Vida me va dando. ¿Y si yo quiero algo y la Vida no me lo da? ¿Y si la Vida me da lo que yo quiero, pero luego me lo quita? 
Hay veces que conseguimos la felicidad, pero es tan agotador mantenerla y estar siempre en la cresta de la ola. ¡Fijaos cómo terminó la Madrastra de Blancanieves, que quería seguir siendo la más hermosa del reino! Se había modificado su estructura (el paso de los años no perdona, ni en el celuloide) y no supo adaptar su función: podía haber elegido ser "la más sabia del reino", "la mejor vestida del reino" o "la más friki del reino", pero no, se empeñó en seguir buscando su felicidad en algo efímero como la belleza del rostro.
Como humanos no podemos modificar el Universo a nuestro gusto ¿Os lo imagináis? Sería el caos. Entonces ¿qué hacer?
      El gozo, en relación con la felicidad, no es algo efímero, porque no depende de lo exterior, sino únicamente de cada uno de nosotros. Y la Tradición nos dice que no se debe prestar atención a lo efímero. Como buen profesor de Medicina Tradicional China, Santiago añadía que la Tradición es el mundo de la Sabiduría, y cuando algo es respaldado por ella, uno se queda, "como muy tranquilo".
      El gozo está en identificarnos y reconocernos con lo que somos: una luz viajera, dice él, un Qi que danza, digo yo, lo mismo, a fin de cuentas. Y lo que somos es una fuerza de Amor de la Vida.
¿Cómo llevar todo esto a la práctica? Gocemos, gocemos intensamente, y aquí es donde entra el adjetivo "jugoso". La primera aproximación al goce está en disfrutar con nuestros cinco sentidos: el sabor de una fruta dulce y madura, el olor del azahar cuando paseamos entre naranjos en primavera, el canto de los pájaros que desafía al ruido de los coches cerca de un parque, ese arcoiris que nos deja la tormenta como regalo.....
      María, mi profe de Medicina China, dijo en el mismo seminario que "saborear es una forma de meditar". ¡Con el tiempo que llevo yo buscando un hueco para hacer meditación y lo tengo debajo de mis narices cada vez que como! Es broma, pero solo en parte. Porque si os dais cuenta, cuando estamos totalmente concentrados en experimentar algo (saborear esa fruta, o apreciar un olor, o sentir una caricia) los deseos de nuestro ego y el parloteo de nuestra mente se detienen. De alguna forma en nosotros se hace el vacío, y eso es meditar, quedarse en estado de vacío para que la meditación pueda ocupar nuestro espacio interior. 
      ¿Y así viviremos en permanente estado de gozo? Bueno, la cosa es sencilla pero no fácil. Empezando por exprimir a tope las experiencias sensoriales, comenzaremos a vivir en el presente espacios de tiempo cada vez mayores, porque descubriremos lo gozoso que llega a ser dar un paseo, disfrutar de un buen vino o rozar una piel. Poco a poco se instalará una especie de sonrisa interior en nuestro cuerpo porque comprenderemos que hasta el mero hecho de respirar es maravilloso.
          Después daremos un salto cualitativo y empezaremos a mirar las cosas con otra perspectiva, como si estuviéramos en "la terraza del espíritu" (Ling tai, nombre de un resonador del dorso). Y con esta visión descubriremos la futilidad de lo efímero (el dinero, el poder, el prestigio social, la apariencia....) y cómo lo que nos produce gozo está dentro de nosotros, porque no es la fruta, es mi paladeo al comerla; no es la flor, es mi arrobamiento al aspirarla; no es el cielo, es mi nueva mirada al contemplar lo tantas veces visto. Y este sentimiento se extenderá a facetas no relacionadas con los sentidos físicos, sino con los sentidos del alma y el agradecimiento, la admiración, la solidaridad, la comprensión, la generosidad, el amor... irán inundando nuestra cotidianeidad. Y gozaremos con cualquier cosa, por pequeña que sea, porque nuestro espíritu, habrá aprendido a hacerlo. Finalmente descubriremos qué pocas cosas necesitamos para... ¿ser felices? No, gracias, sino para vivir en estado de gozo permanente. 



jueves, 10 de mayo de 2012

Interrelaciones


Siempre me ha gustado relacionar cosas. Desde pequeña, cuando a mi mente llegaba una idea nueva, hacía una especie de barrido de todos los conocimientos que había dentro de mí para ver con cuáles podía unirse para elaborar un pensamiento más amplio y grandioso. Tenía la sensación de que las ideas aisladas eran pequeñas, tristes, en blanco y negro, pero cuando conseguían articularse con otras formaban una película en technicolor. 
       Creo que por eso una de las frases que repito en mi perfil de las redes sociales es que TODOS SOMOS UNO. De momento esa una de mi máximas comprensiones de la existencia.
Cuando entré en el mundo de la Medicina Tradicional China, fue como llegar al paraíso. Porque el pensamiento chino parte de la creencia de que todos los hechos en un momento determinado están relacionados entre sí, pero no porque haya una relación causal entre ellos, como buscaría el pensamiento occidental, sino porque todos los hechos forman una extensa unidad con una ley y un sentido. Tienen una visión “orgánica” de la existencia. Las concepciones no están subordinadas unas a otras, sino “colocadas” unas junto a otras formando un patrón, y se influyen mutuamente, no por causas mecánicas, sino por una especie de “resonancia". Forman parte de un organismo universal y “resuenan” unas con otras como los instrumentos de una orquesta. ¡Fascinante! ¿No os parece? Ya veréis cuando hablemos de los Reinos Mutantes (¡qué bonito nombre!), en los que conviven un sabor, una orientación, un planeta, un órgano, una entraña, una emoción, un sentido….
Esta idea de interrelacionar cosas, a veces dispares en apariencia, es lo que ha dado origen a este blog de Medicina Tradicional China 2.0, con el objetivo de aunar la tradición más tradicional y la más moderna modernidad (leed la primera entrada). Pero no solo para enlazar las ideas, sino a las personas que las piensan. Y digo esto porque a veces tengo la sensación de que la clásica dicotomía entre religión y ciencia, sigue presente en nuestra sociedad con otros ropajes, y ahora es medicina occidental/medicina oriental, o espiritualidad/tecnología, o tradición/modernidad. Y esto hace que mucha gente se pierda ... la otra mitad.
      Pero como soy "interrelacionadora" de vocación, observo, encuentro y admiro a las personas que "interrelacionan".  Y un ejemplo de ello lo descubrí cuando leí la última entrada del blog de Susana Beato, mi “profe” de comunicación 2.0, titulada “Yo soy porque nosotros somos”, cuya lectura os va a encantar.  http://www.elblogdesusanabeato.com/2012/05/yo-soy-porque-nosotros-somos.html 
         Si leéis su perfil, es una “prosumidora de 2.0” (prosumidor = productor + consumidor), que no se dedica a ninguna práctica alternativa. 
Otro caso que tengo reciente ha sido la obra de Steve Jobs. Os preguntaréis qué pinta el fundador de Appel en un blog de medicina china. La respuesta está en el título de la entrada. Hace poco leí su biografía (que os recomiendo vivamente, escrita de forma amena y magistral por Walter Isaacson) y me impresionó la filosofía de los productos a los que dedicó su vida. En ellos siempre interrelacionó elementos dispares, y buscó la perfección uniendo el arte con la tecnología, las humanidades con la ingeniería, y lo hizo por encima de todo y de todos (y si leéis el libro comprenderéis el alcance de ese "todo y todos"). A lo mejor recordáis el lema de la campaña publicitaria con la que relanzó Appel: "Piensa diferente". Podremos estar o no de acuerdo con su forma de trabajo, con los precios o con su afán de control, pero el pensar diferente y esa máxima de aunar arte y tecnología le llevó a crear productos que a nadie dejan indiferente. Y esa fue su genialidad, ver "una obra de arte" donde otros solo veían una carcasa que guardaba placas y tornillos.
      Para comprender y aprehender la esencia de la Medicina Tradicional China hay que "pensar diferente" e interrelacionar elementos que nos harán estallar en carcajadas y destruirán las bases de nuestro intelecto (como que respirar alimenta tanto como comer, o que un exceso de sabor salado puede producir miedo). 
      Pero eso es lo atractivo y apasionante de las cosas nuevas: nos hacen crecer, aunque para ello haya que destruir primero las estructuras que nos sostienen. Desde aquí, animo tanto a los amantes de la tradición, como a los amantes de las nuevas tecnologías, a que piensen diferente, superen miedos y prejuicios y se encuentren, y todo ello en un momento en el que la tecnología nos puede unir y comunicar de manera más plena y la espiritualidad ha llegado para quedarse. Porque, cada vez más TODOS SOMOS UNO.