miércoles, 30 de mayo de 2012

Impecabilidad




Este fin de semana he estado en un seminario de Medicina Tradicional China muy especial llamado ”Diagnóstico y tratamiento a través del nombre de los resonadores”. ¡Sugestivo el título! ¿Verdad? 
El seminario da para hacer entradas toda una vida. Ya lo iréis viendo. El contenido ha sido tan bueno, que sé que cada uno de los asistentes lo ha vivido como lo necesitaba en ese momento: entretenido, interesante, divertido, profundo, curioso, fantasioso… En mi caso lo definiría como “esclarecedor”, ya que resolvió dudas que me planteaba desde hace tiempo, e “inspirador”, porque me ha abierto infinitas y mágicas posibilidades terapéuticas. Iñaki, el profesor, fue ameno, inteligente y muy divertido.
Una de las sorpresas que me llevé fue encontrarme con Juan Luis, mi primer profesor de Qi gong, gracias al cual estudié Medicina Tradicional China. ¡Cómo se movía cuando asistía a sus clases! Si quisiera poner un ejemplo de “la Danza del Qi”, le pediría a Juan Luis que hiciera qi gong, porque en sus movimientos, hace ya cuatro años, yo descubrí la sutileza y el arte del qi.
Le recuerdo caminando con lentitud, en círculo, rodeándonos con su energía, mientras hablaba pausadamente de los grandes principios de la Medicina China (el Qi gong es una de las Artes Mayores). Una de sus palabras favoritas era “impecabilidad”, que en mí quedó grabada desde entonces. “Im-pe-ca-bi-li-dad”. En los movimientos, en el respirar, en el hablar… en el hacer, a fin de cuentas. Y ser impecable no es ser perfecto, es hacer todas las cosas, tanto las importantes como las cotidianas con amor, con cuidado, con dedicación. Impecabilidad. Él actuó así en sus clases, y ello enraizó en mí.
Este fin de semana pude darle un fuerte abrazo después de tres años y le dije cuánto me habían impactado sus enseñanzas, que de hecho dieron un giro importante a mi vida. Y se lo agradecí con todo mi corazón. En sus ojos descubrí sorpresa y alegría. Él daba sus clases con impecabilidad, sin esperar nada, y seguro que nunca supuso que sus palabras pudieran calar tan hondo. Pero la realidad es que a mí, y a través mío a otras personas, esas palabras nos han cambiado la vida.
¿Por qué os cuento todo esto? Para mostraros un ejemplo de lo que es actuar con im-pe-ca-bi-li-dad y cuáles son sus inesperados resultados.

Ayer mismo una amiga se quejaba de que ella actuaba con generosidad, compartía sus conocimientos e información, y que había descubierto cómo terceras personas se aprovechaban de sus aportaciones sin siquiera nombrarla. Estaba enfadada y se angustiaba por el futuro y por las consecuencias de todo ello. Yo le decía que no luchara contra la corriente, sino que fluyera con la Vida porque la Vida no es el enemigo y no hay que pelear con ella. Esta mañana, me sonreía feliz diciendo: “¡no te lo vas a creer! ¡He empezado a fluir y me están ocurriendo un montón de cosas buenas!”. Y así, de las personas más insospechadas le han surgido oportunidades, y todo porque ella había dejado de ir contracorriente, y porque en todo momento había actuado con impecabilidad.
Ser impecable es hacer las cosas bien porque sí, sin ningún motivo. Es tirar a la papelera ese papel aun cuando nadie nos ve, es cuidar las cosas aunque no sean nuestras, es hablar con el corazón a los demás aunque no nos escuchen (o eso parezca). Ser impecable es actuar con honradez, con sinceridad, con bondad. No es hacerlo todo bien ni ser perfectos, es poner el alma y todos nuestros sentidos en cada cosa. Es "gozar", como vimos en la entrada anterior. 
Y si actuamos así, un día cualquiera la Vida nos dará una agradable sorpresa, porque habremos sido impecables con ella.


miércoles, 16 de mayo de 2012

¿Ser feliz? No, gracias.



      Sí, has leído bien el título de la entrada. No, no hay ningún error. No, tampoco estoy loca, ni me he pasado a una secta que predique la infelicidad como llave de entrada al Paraíso... ¿Entonces? ¿Hay truco?
      ¡Evidentemente!
     En el seminario de Medicina Tradicional China del mes pasado, Santiago, nuestro profe, nos mostró una "jugosa" diferencia entre felicidad y gozo (más adelante os diré porqué describo la diferencia como "jugosa" y no como interesante, inteligente o sutil).
      El explicaba que el hombre es una "luz viajera" (otra bella manera de denominar "la danza del Qi" que ya hemos visto que es la Vida), un trozo de Dios dotado de una estructura física encaminada a cumplir una función. Estructura y función están intrínsecamente unidas, y la una sustenta a la otra.
      De esta idea podemos sacar multitud de conclusiones. Si la función que realizamos es la correcta, nuestra estructura será la adecuada y estaremos sanos. Si nuestra estructura se modifica, la función debe adaptarse a ella. Y si no estamos realizando la función prevista, la estructura se verá deteriorada y caeremos enfermos.
      Añadía Santiago en su explicación que la función siempre se concreta en vivir una serie de emociones, y para estar sano, esto se debería realizar en un estado de "gozo", no de felicidad, sino de gozo.    
        ¡Y así llegamos al meollo de la cuestión! Buscar la felicidad no trae cuenta, porque ésta depende de lo exterior, de lo que la Vida me va dando. ¿Y si yo quiero algo y la Vida no me lo da? ¿Y si la Vida me da lo que yo quiero, pero luego me lo quita? 
Hay veces que conseguimos la felicidad, pero es tan agotador mantenerla y estar siempre en la cresta de la ola. ¡Fijaos cómo terminó la Madrastra de Blancanieves, que quería seguir siendo la más hermosa del reino! Se había modificado su estructura (el paso de los años no perdona, ni en el celuloide) y no supo adaptar su función: podía haber elegido ser "la más sabia del reino", "la mejor vestida del reino" o "la más friki del reino", pero no, se empeñó en seguir buscando su felicidad en algo efímero como la belleza del rostro.
Como humanos no podemos modificar el Universo a nuestro gusto ¿Os lo imagináis? Sería el caos. Entonces ¿qué hacer?
      El gozo, en relación con la felicidad, no es algo efímero, porque no depende de lo exterior, sino únicamente de cada uno de nosotros. Y la Tradición nos dice que no se debe prestar atención a lo efímero. Como buen profesor de Medicina Tradicional China, Santiago añadía que la Tradición es el mundo de la Sabiduría, y cuando algo es respaldado por ella, uno se queda, "como muy tranquilo".
      El gozo está en identificarnos y reconocernos con lo que somos: una luz viajera, dice él, un Qi que danza, digo yo, lo mismo, a fin de cuentas. Y lo que somos es una fuerza de Amor de la Vida.
¿Cómo llevar todo esto a la práctica? Gocemos, gocemos intensamente, y aquí es donde entra el adjetivo "jugoso". La primera aproximación al goce está en disfrutar con nuestros cinco sentidos: el sabor de una fruta dulce y madura, el olor del azahar cuando paseamos entre naranjos en primavera, el canto de los pájaros que desafía al ruido de los coches cerca de un parque, ese arcoiris que nos deja la tormenta como regalo.....
      María, mi profe de Medicina China, dijo en el mismo seminario que "saborear es una forma de meditar". ¡Con el tiempo que llevo yo buscando un hueco para hacer meditación y lo tengo debajo de mis narices cada vez que como! Es broma, pero solo en parte. Porque si os dais cuenta, cuando estamos totalmente concentrados en experimentar algo (saborear esa fruta, o apreciar un olor, o sentir una caricia) los deseos de nuestro ego y el parloteo de nuestra mente se detienen. De alguna forma en nosotros se hace el vacío, y eso es meditar, quedarse en estado de vacío para que la meditación pueda ocupar nuestro espacio interior. 
      ¿Y así viviremos en permanente estado de gozo? Bueno, la cosa es sencilla pero no fácil. Empezando por exprimir a tope las experiencias sensoriales, comenzaremos a vivir en el presente espacios de tiempo cada vez mayores, porque descubriremos lo gozoso que llega a ser dar un paseo, disfrutar de un buen vino o rozar una piel. Poco a poco se instalará una especie de sonrisa interior en nuestro cuerpo porque comprenderemos que hasta el mero hecho de respirar es maravilloso.
          Después daremos un salto cualitativo y empezaremos a mirar las cosas con otra perspectiva, como si estuviéramos en "la terraza del espíritu" (Ling tai, nombre de un resonador del dorso). Y con esta visión descubriremos la futilidad de lo efímero (el dinero, el poder, el prestigio social, la apariencia....) y cómo lo que nos produce gozo está dentro de nosotros, porque no es la fruta, es mi paladeo al comerla; no es la flor, es mi arrobamiento al aspirarla; no es el cielo, es mi nueva mirada al contemplar lo tantas veces visto. Y este sentimiento se extenderá a facetas no relacionadas con los sentidos físicos, sino con los sentidos del alma y el agradecimiento, la admiración, la solidaridad, la comprensión, la generosidad, el amor... irán inundando nuestra cotidianeidad. Y gozaremos con cualquier cosa, por pequeña que sea, porque nuestro espíritu, habrá aprendido a hacerlo. Finalmente descubriremos qué pocas cosas necesitamos para... ¿ser felices? No, gracias, sino para vivir en estado de gozo permanente. 



jueves, 10 de mayo de 2012

Interrelaciones


Siempre me ha gustado relacionar cosas. Desde pequeña, cuando a mi mente llegaba una idea nueva, hacía una especie de barrido de todos los conocimientos que había dentro de mí para ver con cuáles podía unirse para elaborar un pensamiento más amplio y grandioso. Tenía la sensación de que las ideas aisladas eran pequeñas, tristes, en blanco y negro, pero cuando conseguían articularse con otras formaban una película en technicolor. 
       Creo que por eso una de las frases que repito en mi perfil de las redes sociales es que TODOS SOMOS UNO. De momento esa una de mi máximas comprensiones de la existencia.
Cuando entré en el mundo de la Medicina Tradicional China, fue como llegar al paraíso. Porque el pensamiento chino parte de la creencia de que todos los hechos en un momento determinado están relacionados entre sí, pero no porque haya una relación causal entre ellos, como buscaría el pensamiento occidental, sino porque todos los hechos forman una extensa unidad con una ley y un sentido. Tienen una visión “orgánica” de la existencia. Las concepciones no están subordinadas unas a otras, sino “colocadas” unas junto a otras formando un patrón, y se influyen mutuamente, no por causas mecánicas, sino por una especie de “resonancia". Forman parte de un organismo universal y “resuenan” unas con otras como los instrumentos de una orquesta. ¡Fascinante! ¿No os parece? Ya veréis cuando hablemos de los Reinos Mutantes (¡qué bonito nombre!), en los que conviven un sabor, una orientación, un planeta, un órgano, una entraña, una emoción, un sentido….
Esta idea de interrelacionar cosas, a veces dispares en apariencia, es lo que ha dado origen a este blog de Medicina Tradicional China 2.0, con el objetivo de aunar la tradición más tradicional y la más moderna modernidad (leed la primera entrada). Pero no solo para enlazar las ideas, sino a las personas que las piensan. Y digo esto porque a veces tengo la sensación de que la clásica dicotomía entre religión y ciencia, sigue presente en nuestra sociedad con otros ropajes, y ahora es medicina occidental/medicina oriental, o espiritualidad/tecnología, o tradición/modernidad. Y esto hace que mucha gente se pierda ... la otra mitad.
      Pero como soy "interrelacionadora" de vocación, observo, encuentro y admiro a las personas que "interrelacionan".  Y un ejemplo de ello lo descubrí cuando leí la última entrada del blog de Susana Beato, mi “profe” de comunicación 2.0, titulada “Yo soy porque nosotros somos”, cuya lectura os va a encantar.  http://www.elblogdesusanabeato.com/2012/05/yo-soy-porque-nosotros-somos.html 
         Si leéis su perfil, es una “prosumidora de 2.0” (prosumidor = productor + consumidor), que no se dedica a ninguna práctica alternativa. 
Otro caso que tengo reciente ha sido la obra de Steve Jobs. Os preguntaréis qué pinta el fundador de Appel en un blog de medicina china. La respuesta está en el título de la entrada. Hace poco leí su biografía (que os recomiendo vivamente, escrita de forma amena y magistral por Walter Isaacson) y me impresionó la filosofía de los productos a los que dedicó su vida. En ellos siempre interrelacionó elementos dispares, y buscó la perfección uniendo el arte con la tecnología, las humanidades con la ingeniería, y lo hizo por encima de todo y de todos (y si leéis el libro comprenderéis el alcance de ese "todo y todos"). A lo mejor recordáis el lema de la campaña publicitaria con la que relanzó Appel: "Piensa diferente". Podremos estar o no de acuerdo con su forma de trabajo, con los precios o con su afán de control, pero el pensar diferente y esa máxima de aunar arte y tecnología le llevó a crear productos que a nadie dejan indiferente. Y esa fue su genialidad, ver "una obra de arte" donde otros solo veían una carcasa que guardaba placas y tornillos.
      Para comprender y aprehender la esencia de la Medicina Tradicional China hay que "pensar diferente" e interrelacionar elementos que nos harán estallar en carcajadas y destruirán las bases de nuestro intelecto (como que respirar alimenta tanto como comer, o que un exceso de sabor salado puede producir miedo). 
      Pero eso es lo atractivo y apasionante de las cosas nuevas: nos hacen crecer, aunque para ello haya que destruir primero las estructuras que nos sostienen. Desde aquí, animo tanto a los amantes de la tradición, como a los amantes de las nuevas tecnologías, a que piensen diferente, superen miedos y prejuicios y se encuentren, y todo ello en un momento en el que la tecnología nos puede unir y comunicar de manera más plena y la espiritualidad ha llegado para quedarse. Porque, cada vez más TODOS SOMOS UNO.

domingo, 6 de mayo de 2012

Los resonadores


Hoy vamos a hablar de música.
 “¡Pero cómo! ¿No era esto un blog de Medicina China?”. Pues sí, pero la Medicina Tradicional China es como la chistera de un mago… ¡mágica! Y de su interior se puede sacar tanto un baile (la danza del Qi), como un parte meteorológico (ya veréis cuando hablemos de “patología de viento-frío”,  de “calor interno”, o de “exceso de humedad”), o una sinfonía clásica.
Bueno, realmente vamos a hablar de los “resonadores”, que hemos mencionado en la entrada anterior y nos comprometimos en explicar.
¿Qué es un resonador? Es el nombre que recibe cada uno de los lugares del cuerpo humano donde se puede trabajar la energía de la persona con las diferentes técnicas de Medicina Tradicional China. También se les denomina “puntos de acupuntura”, pero a nosotros nos gusta más el nombre de “resonadores”. ¿Por qué?
Si hemos llegado a la conclusión de que el Qi, la energía vital común a todos los seres, está en continuo movimiento fluyendo en una danza, es más coherente llamar “resonador” a los lugares donde podemos “armonizar” ese “baile” que a fin de cuentas es la vida. Porque en un resonador la energía vibra de forma especial y podemos interactuar con ella más fácilmente.
Los chinos son muy dados a atribuir todos sus inventos a tres Emperadores míticos. Cuenta la Tradición que fue Shen Nong, el Emperador Rojo, quien dio nombre a los resonadores.
 Una tarde de otoño estaba sentado en su trono, y después de contemplarse empezó a reír. Cuando le preguntaron la causa de aquella risa, él contestó: “Es que es graciosísimo ver cómo se mueve la energía por el cuerpo. Cómo se estanca, cómo se bloquea, cómo se desbloquea, en qué sitio se almacena, en qué sitio se dispersa”. A este emperador también se le atribuye la agricultura y la sistematización de la herbología china.
 Así, para todos aquellos que no vemos nuestro cuerpo energético, Shen Nong puso nombres a los resonadores para facilitarnos las cosas. En algunos casos nos echó una mano con la localización: por ejemplo hay uno llamado, Wan gu, “hueso de la muñeca” o Jian liao, “hueco de los hombros”. Es evidente dónde se encuentran.
En ocasiones nos enseña cómo se sitúa en ellos la energía: Zhi yin, “llegada del yin”, Sui fu, “depósito de la esencia”, o Yang jiao, “cruce de los tres Yang”. (En futuras entradas veremos qué es el yin y qué es el yang).
Otras veces el nombre nos indica una función: Yang lao, “ayuda a los ancianos”, uno de los resonadores adecuados para tratar a nuestros mayores, oTing hut, “escuchar el rencuentro” indicado en la sordera.
Muchos resonadores nos hablan de dónde y cómo está en ellos el Qi: Tian chi, “estanque celeste”, Qi hai, “mar del soplo” o Tai xi, “torrente supremo”. Según el que empleemos, la energía estará tranquila en un estanque, en un torrente en movimiento o en el inmenso mar. ¿Os dais cuenta?
Dicen que hay 365 resonadores o puntos de acupuntura en el cuerpo humano, y otros tantos llamados “puntos extra” o fuera de meridiano. Conclusión: un montón de nombres difíciles de aprender, pero todos ellos fascinantes. 
Hay algunos muy sugerentes, como Tai yuan, "el abismo de la mansión celeste", Zu san li, "divina indiferencia terrestre", Qing ling, "el color del espíritu", Xuan zhong, "campana suspendida", o Zu lin qi, "descenso de las lágrimas". No os voy a enumerar aquí todos los resonadores que me gustan, pero sí me interesa que os escuchéis al decir en alto su nombre y notaréis cómo "resuenan". 
Cuando trabajamos con un resonador, dicen que hay que "llamarlo" como si de un amigo se tratara, con su nombre en chino y con su nombre traducido. Si nos acercamos a él así, descubriremos que en ese lugar mágico podremos "re-sintonizar" la energía, que estará en exceso, en déficit o estancada, y volver de nuevo a escuchar la sinfonía del cuerpo entero. En la entrada anterior propongo trabajar con un resonador. Como veis no hacen falta para ello agujas de acupuntura.
Uno de mis resonadores favoritos, es Ming men, la "puerta del destino" o la "puerta de la vida".  La función de este resonador es llevarnos a descubrir cuál es el destino que el cielo ha impreso en cada uno de nosotros para que lo "dancemos" en esta vida. Tiene dos nombres, que si lo pensamos, vienen a decir lo mismo: la Vida y el Destino tienen  una única puerta, y solo "viviremos" plenamente si lo hacemos conforme a nuestro destino. Y hay una puerta a la que podemos llamar para averiguarlo. Si nos decidimos a franquearla y aceptamos el destino que nos encontremos, entonces dejaremos de pelearnos con el mundo y seremos felices.

Ming men es fácil de localizar: si abrazamos nuestra cintura por debajo de las costillas con los pulgares hacia la espalda, en el lugar donde éstos se encuentren en la columna vertebral, ahí tenemos la puerta. ¿Cómo golpear el aldabón? Podemos respirar a través de él como lo hacíamos por Qi he (ver la entrada anterior). Podemos llamarlo y "escuchar" su mensaje en estado de meditación. Podemos localizarlo y realizar un suave masaje. Podemos....
Sabiendo esto se abre ante todos, no solo ante quienes hemos estudiado Medicina China un amplio abanico de posibilidades. Iremos viendo diferentes grupos de resonadores con los que afinaremos los instrumentos de nuestra orquesta para poder bailar la danza más bella y auténtica: la danza de nuestro Qi.